Antes de nada, decir que la frase es propiedad intelectual de mi mujer, que una vez la ha pronunciado, me ha dado la inspiración para escribir esta ingeniosa nota bloguera.
Compro, luego existo... Si
René Descartes, hubiera vivido en cualquiera de nuestros dos siglos últimos, y no entre el XVI y el XVII como lo hizo, seguramente habría reformulado su clásico
"Cogito, ergo sum", por el
"Compro, luego existo" de mi mujer.
Acertadamente, esta aseveración filosófica tan actual puede ser inferida empíricamente, cuando cualquiera, un fin de semana cualquiera, se acerca a un centro comercial de nuestras grandes ciudades y comprueba como hoy en día el ciudadano medio de cualquier país desarrollado no sabe otra cosa qué hacer para llenar su ocio, que acudir a los centros comerciales a consumir.
Supóngase como experimento comprobador e ilustrativo el siguiente: imagine que un sábado por la tarde se decide a dar un paseo con su esposa y sus hijos. ¿Se ha parado a pensar que en cuanto se ponga en marcha va a tener que coger el coche, echar combustible, pagar el aparcamiento del lugar de destino, comprar alguna cosa, la que sea y por inútil que sea, invitar a sus hijos y mujer a cenar algo, aunque sea una hamburguesa y unas patatas fritas, etc. etc.? O sea gastar, consumir y más consumir...
Si no sigue esa pauta de comportamiento, estoy casi seguro de que usted y sus familiares podrían haber elegido como actividad de ocio otra cosa, como por ejemplo darse un paseo, nada más. Pues casi seguro también, que si así obrara, al final de ese sábado hipotético tendrían usted y los suyos un sentimiento de vacío grandísimo, se sentirían insignificantes, o sea nada, o sea como si no hubieran existido durante ese lapso de tiempo. De todo lo cual, al final del experimento, se colige que en esta sociedad que nos ha tocado vivir, "si compro, existo".
Sí, nuestra civilización es tan consumista y capitalista, que si no consumes y no compras, es como si no existieras, como si no estuvieras en esta sociedad. Sin embargo, este consumismo no nos hace más felices, -aunque parezca momentáneamente que sí cuando adquirimos algo nuevo-, ni nos hace más plenos como personas y seres humanos... ¡Ojalá! que en este nuevo siglo XXI que nos ha tocado vivir a todos, la civilización occidental vaya cambiando hacia un tipo de sociedad en la que, aun teniendo en cuenta la satisfacción básica de las necesidades materiales de cualquier individuo, también se tengan en cuenta otras necesidades, casi siempre más importantes que las materiales, como la de sentirse persona y no un simple cliente más, como la de no sentirse solo y aislado en una inmensa masa multitudinaria de público, o un mero número de cuenta corriente bancaria de donde el estado saca sus impuestos para sufragar los gastos públicos, y tantas otras.
Para cambiar esta situación y como está de moda actualmente, "si queremos, podemos".