Si te tomas tu tiempo, harás mejor la digestión

El otro día os comentaba que cuando comíamos en solitario, solíamos masticar más rápido, engullendo atropelladamente la comida. Pues a raíz de escribir ese post, he sido más consciente de mi forma de masticar los alimentos y así he llegado a la conclusión de que prácticamente mascaba de tres a cuatro veces aquellos alimentos que por sus características de dureza y consistencia, necesitaban de muchas más mascadas.
También, esa mayor conciencia, me ha hecho reflexionar sobre una cuestión importante acerca de la digestión: si no masticaba lo suficiente, introducía grandes trozos sólidos y prácticamente secos en dirección a mi estómago e intestinos, y eso hacía que una cantidad desproporcionada de ácidos y fluidos gástricos tuvieran que actuar para digerir todo aquel bolo alimenticio aún no suficientemente reblandecido. El resultado final de esa forma de comer sin masticar bien, pues ya os lo podéis imaginar: acidez, reflujo gástrico, pesadez de estómago, y a la larga, una buena gastritis o úlcera.
Así que, poniendo en práctica estos conocimientos, me armé de paciencia y me dispuse a masticar más veces en cada una de las comidas que hacía a lo largo del día. He calculado que, dependiendo de la dureza del alimento en cuestión, hacen falta más o menos, alrededor de unas sesenta o setenta mascadas para hacerlo correctamente en cada bocado; y descubierto que además, masticando mejor, se consigue insalivar mucho más la comida, con los beneficios que ello tiene para la ulterior digestión en el estómago y en el intestino. También ayuda mucho el respirar bien mientras se mastica, ya que de lo contrario, aparece una necesidad imperiosa de tragar lo antes posible para poder inspirar. Practicando estas técnicas ya he dejado atrás todos los síntomas insanos de las malas digestiones.
Incluso, puestos a leer sobre el tema, me ha hecho mucha gracia descubrir que existe un aparato, llamado "masticómetro", que calcula las veces que abrimos y cerramos las mandíbulas, apretando los dientes, para conocer si lo hacemos bien o mal, ya que fija en 2000 mascadas la frecuencia masticatoria ideal para digerir bien una comida.
Está claro que en la costumbre de no masticar bien influye notoriamente el modo apresurado de vivir que tenemos; y que deberíamos emplear en cada comida del día que hacemos, un mínimo de tiempo de tres cuartos de hora.
¿Os habiáis fijado alguna vez en cuánto y cómo masticáis? ¿sóis conscientes del tiempo que empleáis para comer cada día? Yo creo que si practicáis lo que aquí os digo, os sentiréis mucho mejor en vuestras digestiones, y que incluso adelgazariáis sin tener en cuenta el tipo de alimento ingerido.
Ah, no os lo había dicho: no os olvidéis de que la digestión empieza en vuestra boca.