Mi mujer y yo fuimos el fin de semana pasado a Sant Miquel del Fai. A pesar de ser catalanes y de llevar toda la vida viviendo en Cataluña, yo personalmente no había ido nunca; aunque mi esposa y compañera de aventuras, me ha dicho que recuerda haber ido de niña, incluso habiéndose bañado en alguno de sus estanques.
   Sant Miquel del Fai es una caprichosa formación geológica formada por el angosto valle de los ríos Tenes y Rossinyol que discurren por un paisaje de acantilados verticales, originando bellas cascadas que a su vez formaron grutas y cuevas repletas de estalactitas y estalagmitas. Este bello paraje toma su nombre del monasterio benedictino del mismo nombre, construido en el siglo X de nuestra era, y actualmente restaurante turístico.
   Este emblemático sitio de nuestra geografía se halla cerca de la población barcelonesa de Sant Feliu de Codines, en la comarca del Vallés Oriental, y es el resultado geológico de la interacción de la planicie del Vallés y la Cordillera Prelitoral Catalana.
   Nosotros hemos hecho el recorrido básico del lugar: la abadía del siglo XV, la ermita de Sant Miquel, el auditorio de audiovisuales, la Cova de Sant Miquel, el estanque de les Monges, el paso tras la catarata principal, la ermita de Sant Martí del siglo IX, y la Cova de les Tosques -de difícil acceso-.
   Lógicamente, Sant Miquel del Fai, no es ajeno a la pertinaz sequía que venimos sufriendo por esta zona, con lo que el estado del paisaje es simplemente el espejismo de lo que era hace unos años, con cascadas, estanques, y agua corriente por doquier. Sirva esta situación para reflexionar sobre lo que está pasando en nuestro planeta, sin querer entrar en disquisiciones sobre si la causa de todo esto es, bien la acción desconsiderada del ser humano sobre su entorno, bien el ciclo climático normal de la Tierra que alterna épocas secas con otras más húmedas y frías...









